Yo no estoy dispuesto a entregar mis armas en caso de que todos lo hagan. Yo me haré morir con los pocos que me acompañan porque es preferible hacernos morir como rebeldes y no vivir como esclavos. (Augusto César Sandino).

viernes, 14 de octubre de 2011

La noción de sistema-mundo para entender la globalización y los procesos de integración


Introducción

Por medio de este trabajo queremos dar a conocer los modelos socioeconómicos del mundo.
En el trataremos sobre los sistemas –mundo   el cual es un desarrollo de la crítica post-marxista que intenta explicar el funcionamiento de las relaciones sociales, políticas y económicas a lo largo de la historia en el planeta
Hablamos sobre la globalización neoliberal la cual es el elemento fundamental de la ofensiva capitalista a nivel mundial y local, y a las cuales se debe oponer una alternativa basada en la comprensión profunda de sus características y potencialidades. Otro de los puntos que desarrollamos es el de los dilemas de la integración regional en el contexto de la globalización en el cual enfatizamos sobre el ALCA  y el ALBA Como  una propuesta de integración enfocada para los países de América Latina y el Caribe que pone énfasis en la lucha contra la pobreza y la exclusión social con base en doctrinas de izquierda. Se concreta en un proyecto de colaboración y complementación política, social y económica entre países de América Latina y el Caribe, promovida inicialmente por Cuba y Venezuela como contrapartida del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), impulsada por Estados Unidos.


La noción de sistema-mundo para entender la globalización y los procesos de integración
La perspectiva del sistema-mundo, también conocida como economía-mundo, o teoría, enfoque o acercamiento analítico de los sistemas-mundo es un desarrollo de la crítica post-marxista que intenta explicar el funcionamiento de las relaciones sociales, políticas y económicas a lo largo de la historia en el planeta Tierra. Es una teoría historiográfica, geopolítica y geoeconómica con gran vigencia y aplicación en las relaciones internacionales.

Orígenes

Técnicamente hablando, la teoría o análisis sistema-mundo no es una verdadera teoría, sino más bien un fructífero planteamiento para el análisis y el cambio social. Este análisis se ha desarrollado principalmente por los siguientes autores: Samir Amin, Andre Gunder Frank, Immanuel Wallerstein y Giovanni Arrighi con contribuciones importantes de Volker Bornschier, Peter Turchin, Andrey Korotayev, Janet Abu Lughod, Tom Hall, Kunibert Raffer, David Wilkinson y otros..
La teoría crítica que desarrolla el sistema-mundo recoge tanto la tradición marxista como la tradición de la Escuela de los Annales francesa, especialmente al autor Fernand Braudel quien utilizó por primera vez las expresiones "economía mundial" y "economía-mundo"
La propuesta del sistema-mundo se asienta, entre otros, en uno de los presupuestos o tesis que proponen una evolución del capitalismo en el que el imperialismo se constituiría en su culminación o máxima representación. Esta posición ha sido para el marxismo del siglo XX una constante. El imperialismo, como fase superior del capitalismo es un concepto acuñado por Lenin, quien también usó los términos periferia y centro (centro-periferia) como idea para analizar la economía y la política internacional.
Immanuel Wallerstein, uno de los más destacados autores en la teoría 'sistema-mundo' usa, básicamente, la misma terminología. Wallerstein caracteriza el 'sistema-mundo' como una serie de mecanismos que redistribuyen los recursos desde la 'periferia' al 'centro' del imperio. En esa terminología el 'centro' es el mundo desarrollado, industrializado, democrático el primer mundo, y la 'periferia', mundo subdesarrollado o tercer mundo junto con los mal denominados países en vías de desarrollo o semiperíféricos, estos últimos son los exportadores de materias primas, la parte pobre del mundo, el mercado mediante el que el centro explota a la periferia (periferia y semiperiferia). Esta tesis se enfrenta a la posición ortodoxa y tradicional de la bondad del desarrollo económico que produce necesariamente el comercio internacional y que repercutiría positivamente no solo en el centro sino también en la periferia.
Sistema-mundo (Imperio):
·         Centro (Países desarrollados)
·         Semiperiferia (Países en vías de desarrollo)
·         Periferia (Países subdesarrollados)
Wallerstein ubica el origen del régimen actual de sistema-mundo en el siglo XVI en la Europa occidental y lo define como un sistema social con sus reglas, estructuras, normas y funcionamiento propio que responde a su lógica interna Immanuel Wallerstein. The Modern World-System
El sistema-mundo, según Wallerstein viene definido por cuatro características temporales:
  • Ciclos cortos que representan las fluctuaciones de la economía
  • Ciclos largos que indican tendencias más profundas y duraderas representando el desarrollo económico y su posterior declive.
  • Contradicción, término que indica un problema irresoluble en el propio sistema, generalmente referente a los intereses a corto plazo frente al largo plazo. Por ejemplo el problema de la caída del consumo; derivado de la bajada de salarios que en principio aumenta el beneficio de las élites capitalistas a corto plazo, pero que a largo plazo esa disminución de salarios tiene un efecto negativo reduciendo la demanda para el producto y por tanto los beneficios.
  • Crisis. La última característica temporal es la crisis, que tarde o temprano se produce cuando se dan una serie de circunstancias que rompen la estructura del sistema.
 Wallerstein nos ofrece una primera aproximación a las claves de su teoría sociológica. Define el sistema-mundo como una estructura con fronteras, grupos, normas que la legitiman y dan coherencia. Es un mundo lleno de conflictos que se mantiene en un estado de tensión permanente. Funciona como un organismo que experimenta cambios y que saca a relucir sus fuerzas o debilidades según las circunstancias.
Para Wallerstein, lo que caracteriza un sistema social es su ser endógeno. En otras palabras, el sistema social es, ''en gran parte'', autosuficiente. Wallerstein identifica dos tipos de sistema social. Por un lado, el sistema social pequeño, con una economía de subsistencia autónoma. Por el otro, el sistema-mundo. La diferencia obvia es el tamaño. Pero, también, el sistema mundo se basa sobre una división de trabajo ex­ten­sa y una diversidad cultural de múltiples expresiones.
Wallerstein agrega que hasta el presente han existido dos tipos de sistemas-mundo. Por un lado, el sistema-mundo imperio que es articulado políticamente por un régimen centralizado que domina la totalidad del territorio sobre el cual se extiende. Por el otro, el sistema-mundo económico que carece de un sistema político centralizador.
Los sistemas-mundo económico en la era pre-moderna eran estructuras muy inestables que evolucionaban hacia imperios o se desintegraban. La particularidad del sistema-mundo moderno es que ha dado lugar a una economía-mundo cuya duración lleva 500 años. Aún cuando el sistema-mundo económico puede tener centros políticos, éstos no son permanentes ni hegemónicos. Es el caso de las ciudades del norte de Italia, después Ámsterdam (Holanda), Londres (Gran Bretaña) y Nueva York (EEUU) que se han sucedido como capitales del sistema-mundo económico del capitalismo en el último medio milenio. Arrighi y Silver anuncian un desplazamiento del centro hegemónico actual a corto plazo. Esta falta de centro hegemónico, según Wallerstein, es el secreto de la fuerza del sistema-mundo moderno y, a la vez, constituye el lado político de la organización económica llamada capitalismo. El éxito del capitalismo descansaría precisamente sobre esta multiplicidad de sistemas políticos que conviven simultáneamente.
El capitalismo dispone de varias opciones para operar en un sistema-mundo de este tipo. En primer lugar, les ofrece a los capitalistas una estructura sobre la cual pueden moverse con mucha libertad. Esta noción es tomada de Braudel, que considera que las operaciones capitalistas y sus agentes son básicamente especulativas y financieras. Mientras que la producción requiere de la protección de una clase o Estado, las finanzas necesitan plena libertad para moverse sin restricciones. En segundo lugar, el sistema-mundo le permite al capitalismo expandirse territorialmente en diversas direcciones, a diferentes ritmos sin enfrentar restricciones políticas.
En su obra de 1974, Wallerstein deja una puerta abierta para permitir la posibilidad de que aparezca un sistema-mundo alternativo. Este nuevo sistema-mundo tendría que integrar las esferas económica y política para equilibrar la distribución y el poder entre los diferentes grupos sociales. Este sería el sistema-mundo socialista. Para Wallerstein, este sistema integrador no debe confundirse con el socialismo que dominó enormes áreas geográficas en el siglo XX. El socialismo soviético del siglo pasado formaría parte del sistema-mundo capitalista, aunque periférico. Para Wallerstein, el colapso político del socialismo soviético es una señal de la decadencia de la ideología liberal que dominó el sistema-mundo entre 1848 (revoluciones europeas) y 1968 (la sublevación estudiantil que el sociólogo norteamericano bautiza con el nombre de "Revolución Mundial").
El sistema-mundo capitalista tendría un centro que dirige y acumula la riqueza global. Al mismo tiempo, se expandiría sobre una periferia que es objeto de una explotación sistemática. En el medio, como un colchón amortiguador, se ubica una semi-periferia que serviría de estadio promotor de nuevos centros. En el caso de América latina, su posición dentro del sistema-mundo capitalista, desde su aparición hace 500 años ha sido periférica. En algunos casos y para tiempos limitados algunos países de la región habrían alcanzado el nivel de semi-periferia: Argentina, Uruguay, Cuba.
El sistema-mundo y, en este caso, el sistema-mundo capitalista operan sobre la base de un conjunto de reglas. Las mismas se reflejan en los ritmos cíclicos y en sus tendencias seculares.
Como todos los sistemas, la proyección lineal de sus tendencias encuentra ciertos límites, después de lo cual el sistema se encuentra a sí mismo lejos del equilibrio y comienza a bifurcarse. A partir de este punto, podemos decir que el sistema está en crisis, y que transita a través de un período caótico en el cual busca estabilizar un nuevo y diferente orden, es decir, que realiza la transición desde un sistema a otro. Qué es lo que este nuevo orden será, y cuándo se estabilizará, es algo imposible de predecir, pero también es algo que se encuentra fuertemente impactado por las acciones de todos los actores que participan en toda esta transición. Y es exactamente la situación en la que estamos ahora.
Crisis e incertidumbre
En una conferencia pronunciada en Praga en septiembre de 1997, Wallerstein señala que el sistema-mundo capitalista vive en la actualidad en una ''crisis terminal''. Esta declaración es presentada sobre la base de un conjunto de premisas que rompen con la visión habitual de los círculos académicos.
La primera premisa que esboza Wallerstein no tiene mucho de original. Señala que todo sistema social histórico aparece, se desarrolla, entra en decadencia y, finalmente, muere. Esta desaparición de la escena histórica es consecuencia de la incapacidad del sistema por mantener el equilibrio, ya no puede controlar las tensiones que la sacuden desde adentro. En medio de la crisis se produce una ''bifurcación'', concepto que Wallerstein utiliza para introducir su segunda premisa: Las bifurcaciones constituyen las múltiples alternativas que se abren en el marco de las tensiones que desgarran el sistema. Los resultados de las bifurcaciones no se pueden predecir, son indeterminados. La tercera premisa señala que el sistema mundo está en una ''crisis terminal''. Más aún, Wallerstein anuncia que es improbable que el sistema que conocemos hoy exista en unos cincuenta años.
Sin embargo, ya que el resultado es incierto, no sabemos si el sistema (o los sistemas) resultante será mejor o peor que el actual, pero sí sabemos que el período de transición será una terrible etapa llena de turbulencias, ya que los riesgos de la transición son muy altos, los resultados inciertos y muy grande la capacidad de pequeños inputs para influir sobre dichos resultados.
Las conclusiones que extrae del desarrollo de las premisas apuntan en direcciones aún menos convencionales. La primera conclusión es que ''el progreso no es inevitable''. La segunda, que la ''creencia en certezas (premisa fundamental de la modernidad) ciega y mutila'': a menudo, esta certeza que identifica la ciencia moderna tiende a secularizar el pensamiento cristiano donde la figura de Dios es reemplazado por la ''naturaleza''. La tercera y última conclusión es que en toda sociedad humana la lucha por una sociedad mejor es un rasgo permanente.
En otras palabras, las transformaciones sociales son posibles pero no necesariamente seguras. La última conclusión de Wallerstein es que ''la incertidumbre es maravillosa y que la certeza, si fuera real, sería la muerte moral''. Vale la pena citar un pasaje que refuerza este optimismo:
Si estuviésemos seguros del futuro, no habría apremio moral alguno para hacer cualquier cosa. Seríamos libres para satisfacer cualquier pasión y actuar siguiendo cualquier impulso egoísta, ya que todas las acciones estarían sometidas a una ordenada certeza. Por el contrario, si todo está sin decidir, entonces el futuro está abierto a la creatividad, no sólo a la creatividad meramente humana, sino también a la creatividad de toda la naturaleza. Está abierto a la posibilidad y, por lo tanto, a un mundo mejor.
Causas de la crisis
Immanuel Wallerstein señala que ''el mundo está siendo sometido a tres presiones estructurales a las que ya no está en posición de controlar'', que erosionan la rentabilidad de las inversiones en sectores claves de la economía global. La primera presión estructural que experimenta el capitalismo global se refiere al costo de la fuerza de trabajo: para Wallerstein, el acceso a la fuerza de trabajo barata en las regiones del mundo no integradas al sistema-mundo se está agotando. La búsqueda de trabajadores más allá de la ''periferia'' del sistema-mundo capitalista se está volviendo cada vez más difícil. Como consecuencia, le corresponde a los estados-naciones integrados al sistema-mundo ejercer presión sobre sus propios trabajadores vía iniciativas legislativas para reducir los costos de su fuerza de trabajo. Esta política conocida como neoliberal no sólo genera protestas en la periferia y semi­periferia. En los últimos lustros estas presiones han movilizado a los trabajadores del ''centro'' quienes se oponen a su empobrecimiento como consecuencia de las políticas de flexibilización y la reducción del ''Estado de bienestar''.
A pesar de la búsqueda de nuevas fuentes de trabajo y las presiones para bajar los salarios, según Wallerstein, la existencia de fuentes de fuerza de trabajo baratas está llegando a su fin.
En palabras de Wallerstein, ''la primera (presión estructural) es consecuencia del proceso de desruralización del mundo, que está ahora muy avanzado y que probablemente se habrá completado totalmente dentro de los próximos 25 años. Es un proceso que está incrementando inexorablemente el costo del trabajo en tanto que magnitud porcentual del valor total creado''.
La segunda presión estructural se refiere al ambiente. Existe un límite a la capacidad que tienen las empresas capitalistas para externalizar sus costos usando los recursos naturales y bienes públicos como si no tuvieran costo alguno. De hecho hay otros sectores sociales que están pagando la degradación del ambiente y la destrucción de la infraestructura en forma cotidiana.
En el caso de Panamá, la depredación de las cuencas, las bahías y los bosques son costos que deben pagar los grupos sociales que no controlan el gobierno en beneficio de unos pocos empresarios. Igualmente, el uso de las áreas urbanas construidas con fondos públicos para beneficio de ciertos intereses privados es otra forma de externalizar los costos de estos últimos y elevar sus beneficios. Según Wallerstein, ''la segunda presión (estructural) es la consecuencia del largo plazo de la externalización de los costos, que ha sido llevada hasta el agotamiento ecológico. Ello está haciendo aumentar el costo de los insumos dentro del porcentaje del valor total creado''.
La tercera fuente de desequilibrio, por último, proviene de los límites que tienen los regímenes políticos de someter a sus trabajadores a una creciente tasa de impuestos. Han sido los impuestos que han alimentado el sistema capitalista. Una muestra de ello es la política ''keynesiana de guerra'' del presidente Reagan en la década de 1980 así como la ''guerra contra el terrorismo'' de Bush en la primera década del siglo XXI. Para Wallerstein, ''la tercera presión (estructural) es la democratización en el mundo, que conduce a demandas crecientes respecto al gasto público en educación, salud y garan­tías del ingreso de vida. Esto está impulsando hacia arriba los costos de los impuestos en el porcentaje del valor creado''.
El análisis de tipo estructural de Wallerstein apunta a u­na crisis del sistema que se amplía y se expande desde hace cin­co siglos. La desruralización, la externalización y la demo­cra­tización son procesos sociales irreversibles, por lo menos a corto plazo. Si estos procesos llegan a su límite, sin po­si­bili­dad de continuar extendiéndose, se anuncia un desplome sis­té­mico inevitable.
La combinación de estas tres presiones está creando una enorme reducción estructural, a largo plazo, de las ganancias derivadas de la producción, hasta el punto de estar transformando al sistema capitalista en un sistema no rentable para los propios capitalistas.
La crisis del conocimiento
Wallerstein no sólo apunta a la crisis del sistema-mundo moderno como un fenómeno de reproducción social y económica. Le dedica igual atención y esfuerzo a la aparente incapacidad que existe para comprender los procesos en que estamos envueltos. La ciencia, plantea, no está al servicio de la sociedad. Más bien, se desarrolla para servir al desarrollo capitalista. En términos de Ilya Prigogine, la ciencia moderna estableció una nueva alianza cognoscitiva entre el hombre y la naturaleza. Pero según Alan Rush, el capitalismo, que dio a luz la nueva ciencia y le imprimió un ritmo cada vez más acelerado de desarrollo y especialización, no podía dejar de transformarla en sus principios mismos a medida que mutaba las propias estructuras culturales y económicas.
Como parte de la crisis estructural de la economía-mundo capitalista, Wallerstein asegura que estamos viendo también el fin del modo en que hemos sabido el mundo:
Es decir, el fin de la utilidad de las herramientas y de los marcos de trabajo actuales de nuestro sistema de saber. En particular, la idea de que el saber científico de un lado, y el saber filosófico/humanístico del otro, son radicalmente diferentes, y que son modos intelectualmente opuestos de saber el mundo. La idea, que, a veces, llamamos la tesis de ''las dos culturas'' se está volviendo, no sólo inadecuada como explicación de la enorme transición social que estamos ahora viviendo, sino incluso un obstáculo mayor para enfrentar inteligentemente esta misma crisis. Hay que recordar que esta idea tiene sólo doscientos años de antigüedad y que nunca existió en otro sistema histórico.
Wallerstein propone un camino que tome en cuenta, entre otros, las teorizaciones tanto de Max Weber como de Antonio Gramsci. En medio de la incertidumbre, sólo sabemos que de­bemos escoger entre diferentes alternativas. Wallerstein trae a colación lo que Weber llamó ''racionalidad material'', lo que significa escoger entre varios fines. Estos fines cons­titu­yen la configuración del nuevo sistema histórico que se quiere cons­truir. Queda por definirse el agente social o portador del pro­yecto que se quiere realizar.
En el caso de Gramsci, el conocimiento era un producto de la posición de clase y no acepta la llamada ''neutralidad valorativa'' que se desprende de la ''racionalidad'' weberiana. Gramsci acepta la noción de incertidumbre pero subraya el papel de la clase con capacidad de ofrecer un liderazgo con legitimidad. Las nociones epistemológicas de Weber fueron elaboradas en las primeras décadas del siglo XX. En el caso de Gramsci, su contribución más duradera la produjo desde una celda de la Italia fascista de la década de 1930.
Wallerstein se pregunta si se podría aceptar una política e­cológica como racional por el hecho de creer que controlamos sus consecuencias y podemos calcular lo que estamos dis­pues­tos a pagar. ''Inmediatamente surge la pregunta ¿quiénes son esos nosotros que estarían pagando ese precio? Además, te­nemos que abrir el abanico de la gente que se incluye en ese nosotros, en términos de abarcar todos los grupos sociales den­tro del sistema, abrirlo geo­gráficamente y abrirlo en tér­mi­nos generacionales (incluyendo a aquellos que aún no han nacido)''.
América latina y una conclusión
En uno de sus planteamientos más provocativos, presentado en el XX Congreso Latinoamericano de Sociología, celebrado en la ciudad de México en 1995, Wallerstein expuso en forma explícita una tesis controvertida sobre el desarrollo de la región.
Es absolutamente imposible que América latina se desarrolle, no importa cuales sean las políticas gubernamentales, porque lo que se desarrolla no son los países. Lo que se desarrolla es únicamente la economía mundo capitalista y esta economía-mundo es de naturaleza polarizadora.
Es precisamente la tesis que rechazaba una importante co­rriente de pensamiento social encabezada, entre otros, por Agustín Cueva y Ricaurte Soler. Cueva señalaba que es la configuración de clases a escala nacional que define el nivel de lucha y los objetivos que se persiguen. Soler seguiría esta línea de privilegiar la formación nacional y sus contradicciones sociales.
Según Cueva, ''la creación del Estado nación y de la cultura nacional correlativa se torna tanto más difícil cuanto que tropieza con barreras no sólo internas sino externas. Antes de construir la unidad nacional, estas formaciones económico sociales se ven supeditadas y, en cierto sentido, desvertebradas por los múltiples efectos, incluso culturales, de la dominación imperialista''. A Soler le preocupan, tanto política como metodológicamente ''las posiciones que al caracterizar el capitalismo desplazan la investigación de las relaciones de producción de la formación social para destacar, como esencial, la acumulación de excedentes de las desiguales relaciones de intercambio que se establecen entre centro y periferia''.
Las críticas de esta corriente de pensamiento latinoamericano se dirigían sobre todo a las nociones dependentistas de A. Gunder Frank y sus seguidores. El debate enriquecedor con la escuela de Rui Mauro Marini aún constituye una de las páginas más brillantes de la sociología latinoamericana. Este último teorizó en torno al desarrollo capitalista mundial como eje que subdesarrollada la región latinoamericana. Creemos que Wallerstein no compartía la idea central de Frank y suscribiría algunas de las nociones principales de Marini.
El sistema-mundo capitalista avanza generando contradicciones que no podrá resolver a largo plazo. En el caso de A­mérica latina, la transición (globalización según la terminología de moda) aparentemente ha deslegitimado los proyectos nacionales, tanto los concebidos por las burguesías (nacionales) como los anunciados por las alianzas populistas. Fueron precisamente estos proyectos nacionales que sirvieron de base para numerosos movimientos sociales.
Wallerstein no concibe su recuperación, pero tampoco niega la importancia de los movimientos sociales vengan de donde vengan. Cuestiona incluso la existencia del ''Tercer Mundo'' en esta fase de transición.
Es quizás prematuro desechar los proyectos nacionales o las formulaciones de tipo ''tercer mundista'' y sus respectivos agentes portadores. Como señala el propio Wallerstein, el sistema-mundo moderno descansa sobre un eje económico que logra acumular riqueza con éxito (durante los últimos 500 años) precisamente por la falta de un ente político único hegemónico. Los movimientos sociales de la periferia, así como del centro, aún tienen tareas por completar en el ámbito de lo nacional. Pero como también señala Wallerstein, ésta es una de las muchas ''bifurcaciones'' que nos cabe reconocer en su momento.
La ''globalización'' estimula la concentración de la riqueza  y la centralización de las políticas. Pero ''el mundo sin fronteras'', motor ideológico concebido por el capital financiero para esconder sus tesoros, no es nuevo. Para Braudel así como para Wallerstein la acumulación es la marca del capitalismo como forma de operación dentro del sistema-mundo moderno. Donde Wallerstein se encuentra con Marx es a nivel de la economía: instancia donde la fuerza de trabajo produce la riqueza.
Hay otro mundo sin fronteras donde todos los grupos sociales organizados pueden intervenir, construir el mundo de a­cuerdo con sus intereses y hacer realidad sus sueños. Este es el mundo que anuncia Wallerstein, siempre que se presenten las condiciones necesarias para que la voluntad de la humanidad lo haga posible. La conclusión es que el futuro está exclusivamente en las manos de todos nosotros.
Capitalismo como sistema global: La economía mundo

Vivimos en una economía global que se caracteriza no sólo por el libre comercio de bienes y servicios sino más aún, por la libre circulación de capitales. Los tipos de interés, los tipos de cambio y las cotizaciones bursátiles en diversos países están íntimamente interrelacionados y los mercados financieros globales ejercen una gran influencia sobre las condiciones económicas. Dado el decisivo papel que desempeña el capital financiero internacional en la fortuna de algunos países, no es inoportuno hablar de un sistema capitalista global.

El sistema es muy favorable al capital financiero, que es libre de ir allí donde obtenga mayores recompensas, lo que a su vez a conducido al rápido crecimiento de mercados financieros globales. El resultado es un gigantesco sistema circulatorio que toma capital en los mercados financieros y las instituciones financieras del centro y después lo bombea a la periferia directamente en forma de créditos e inversiones de cartera o indirectamente a través de corporaciones multinacionales. En tanto en cuanto el sistema financiero sea vigoroso, se impone a la mayoría de las demás influencias. El capital reporta muchos beneficios, no sólo el aumento de la capacidad productiva sino también mejoras en los métodos de producción y otras innovaciones; no sólo un aumento en la riqueza sino también un aumento en la libertad. Así pues, los países compiten por atraer y retener el capital, y preparar condiciones atractivas para el capital tiene prioridad sobre otros objetivos sociales.

Pero el sistema está profundamente viciado. Mientras el capitalismo continúe triunfante, la búsqueda de dinero anula todas las demás consideraciones sociales. Los mecanismos económicos y políticos quedan desbaratados. El desarrollo de una economía global no ha ido a la par que el desarrollo de una sociedad global. La unidad básica de la vida política y social sigue siendo el
estado-nación. La relación entre el centro y la periferia es también profundamente desigual. Si la economía global llega a tambalearse, es probable que las presiones políticas la destrocen.

El concepto de sistema capitalista Gobierna nuestras vidas del mismo modo que cualquier régimen gobierna la vida de las personas.

El sistema capitalista puede compararse con un imperio cuya cobertura es más global que la de cualquier imperio anterior. Gobierna toda una civilización y, como en otros imperios, quienes están fuera de sus murallas son considerados bárbaros. No es un imperio territorial porque carece de soberanía y del boato de la soberanía; de hecho, la soberanía de los estados que pertenecen a él es la principal limitación de su poder y su influencia. Es casi invisible porque no posee una estructura formal. La mayoría de sus súbditos ni siquiera saben que están sometidos a él o, dicho de forma más correcta, reconocen que están sometidos a fuerzas impersonales y a veces negativas pero no entienden qué son esas fuerzas.

La analogía del imperio está justificada porque el sistema capitalista global gobierna efectivamente a quienes pertenecen a él, y no es fácil abandonarlo. Por otra parte, tiene un centro y una periferia, exactamente igual que un imperio, y el centro se beneficia a costa de la periferia. Pero lo más importante es que el sistema capitalista global exhibe algunas tendencias imperialistas. Lejos de buscar el equilibrio, está empeñado en la expansión.

A diferencia del siglo XIX, cuando el imperialismo halló una expresión literal y territorial en forma de colonias, la versión actual del sistema capitalista global tiene un carácter casi totalmente no territorial o incluso extraterritorial. Los territorios son gobernados por los estados, y los estados a menudo plantean obstáculos para la expansión del sistema capitalista. Esto se cumple incluso en el caso de Estados Unidos, que constituye el país más capitalista aunque el aislamiento y el proteccionismo sean temas recurrentes en su vida política.

El sistema capitalista global es de carácter puramente funcional y la función que cumple es (como es lógico) económica: la producción, el consumo y el intercambio de bienes y servicios. Es importante señalar que el intercambio supone no sólo bienes y servicios sino los factores de producción. Marx. Y Engels señalaron ya hace 150 años que el sistema capitalista transforma la tierra, el trabajo y el capital en mercancías. A medida que el sistema se expande, la función económica llega a dominar las vidas de las personas y las sociedades. Penetra en áreas que antes no se consideraban económicas, como la cultura, la política y las profesiones.

A pesar de su naturaleza no territorial, el sistema tiene un centro y una periferia. El centro es el sumistrador de capital; la periferia es la usuaria de capital. Las reglas del juego están sesgadas a favor del centro. Podría afirmarse que el centro está en Nueva Cork y Londres, porque ahí es donde están situados los mercados financieros internacionales, o en Washington,
Frankfurt y Tokio, porque es donde se determina la oferta monetaria del mundo; asimismo, podría afirmarse que el centro está en un paraíso fiscal, porque es allí donde está domiciliada la parte más activa y móvil del capital financiero mundial.

Un régimen incompleto

El sistema capitalista global no es nuevo ni siquiera novedoso. Sus antecedentes se remontan a la Liga Hanseática y a las ciudades-estado italianas, en las que diferentes entidades políticas estaban vinculadas por lazos comerciales y financieros. El capitalismo pasó a ser dominante en el siglo XIX y lo siguió siendo hasta que fue trastocado por la primera guerra mundial. Pero el sistema capitalista global que prevalece hoy en día presenta algunas características novedosas que lo distinguen de anteriores encarnaciones. La velocidad de las comunicaciones es una de esas características, aunque su condición de novedosa es discutible: la invención de la telefonía y la telegrafía representaron en el siglo XIX una aceleración al menos tan grande como el desarrollo de las comunicaciones informáticas en nuestros días. Algunas otras características que intentaré identificar son más propias del momento actual.

Aunque podemos calificar al capitalismo global de régimen, es un régimen incompleto: sólo gobierna la función económica, aun cuando la función económica haya llegado a tener prioridad sobre otras funciones.

El rasgo distintivo del sistema capitalista global es la libre circulación de capitales. El comercio internacional de bienes y servicios no es suficiente para crear una economía global; los factores de producción también deben ser intercambiables. Los recursos terrestres y otros recursos naturales no se mueven, y las personas se mueven con dificultad; es la movilidad del capital, de la información y el espíritu empresarial lo que explica la integración económica.

Características de la globalización neoliberal
La globalización y el neoliberalismo parecen ser lo  mismo. Sin embargo, un análisis más cuidadoso permite reconocerlos como fenómenos esencialmente distintos: en su caso, la globalización resulta ser un fenómeno histórico consustancial al capitalismo mientras que, el neoliberal, es un proyecto político impulsado por agentes sociales, ideólogos, intelectuales y dirigentes políticos con identidad precisa, pertenecientes, o al servicio, de las clases sociales propietarias del capital en sus diversas formas. La convergencia de ambos procesos, forma la modalidad bajo la que se desarrolla el capitalismo en la época actual
El carácter neoliberal de la globalización, es decir, el sometimiento del proceso de producción, distribución circulación y consumo al “fundamentalismo del libre mercado”, así como de la vida social a los valores del individualismo, se impone mediante un proceso político dirigido por la clase dominante, o su fracción hegemónica
*      Es un fenómeno histórico, marcado por la desaparición del llamado socialismo real, vinculado a un proyecto político diseñado e impulsado por una clase social hegemónica propietaria del capital y que, entre otras cosas, implica el desplazamiento del Estado de la actividad económica.
*      El proceso globalizador neoliberal en ninguna parte ha acarreado beneficios compartidos, en todo caso ha mantenido y reforzado los aspectos esenciales del capitalismo la relación de producción.
*      La expansión del capitalismo se guía por la búsqueda de la máxima ganancia para las empresas, esto es, sin mayor preocupación por las cuestiones relacionadas con la distribución de la riqueza, o la de ofrecer empleo en mayor cantidad y calidad.
*      Es un proceso incapaz de permitir  mejores niveles de bienestar para la mayor parte de la población
*      Demanda a los gobiernos nacionales medidas para su control y dirección para revertir sus resultados, entre otros: la falta de crecimiento, el desempleo, el aumento social y regional de la pobreza, la exclusión, la intolerancia y el aniquilamiento de las diferencias culturales.
*      Desplaza el Estado e impone actividad económica, e incentiva la privatización de los servicios públicos como la salud, la educación, la vivienda, la energía eléctrica, el agua potable y, en general, todos los referidos a la seguridad social trayendo consigo formas crecientes de exclusión social, eleva los niveles de desempleo y pobreza, además de agudizar la polarización en sociedades
*      Requiere, la homogeneización cultural, es decir, para que la modalidad neoliberal avance es necesario eliminar las diferencias culturales y reconocerla como la única opción. Las costumbres, los hábitos y, aun, las representaciones simbólicas de cada cultura nacional deben desaparecer para asumir las únicas posibles, aquellas que nos permiten una actitud de pasiva aceptación de la globalización neoliberal: si la economía es global lo debe ser también la cultura.
*      En esta concepción se excluye todo aquello que se presenta como opuesto a la racionalidad a la modalidad neoliberal del capitalismo, así como aquello que le es ajeno (lo irracional) y que escapa a su lógica. Por ejemplo, lo racional en la modalidad neoliberal es orientar al mercado toda acción humana con el fin de obtener el máximo beneficio; por tanto, es irracional la conducta que no persiga ese fin; y será irracional todo aquel que tienda a negar ese principio y esa conducta social. Por eso, quien se oponga al neoliberalismo, sencillamente está fuera del sistema racional en el extremo, carece de cualquier racionalidad y los locos no hacen Historia.
*      La razón económica termina sustituyendo a la razón social, la ganancia se convierte en el emblema social por excelencia y nada que se le oponga es admisible.
*      Proclama la entrega de los recursos naturales al capital extranjero como la única solución posible al atraso de las economías emergentes.
*      El Estado es sometido a los intereses del capital, las empresas transnacionales acentúan su posición como la fuerza motriz de la economía mundial, son las principales inversionistas de capital productivo en todo el mundo, así como de las inversiones financieras y comerciales.
*       La economía global tiende a crear un mercado de trabajo mundial donde los trabajadores del primer mundo se encuentran en directa competencia con la fuerza de trabajo de países donde los costos de mano de obra son mantenidos 10 o 20 veces más bajos, al tiempo que aumenta el desempleo y caen los niveles salariales y de protección social en los antiguos países industrializados.
*      La revolución tecnológica en marcha, no produjo la Globalización; la impulsa pero no la conduce. Las opciones del capital, son tomadas por los capitalistas, en base a consideraciones sobre las tasas de ganancia, que son finalmente las que utilizan las tecnologías y la información. La economía-política "gobierna a la tecnología"  Por si fuera poco, menos del 15% de los desarrollos tecnológicos, se desarrolla fuera de las fronteras nacionales de las naciones de origen.
Por todas estas características y más  es preciso reivindicar el estudio de la globalización neoliberal como la expresión actual del Imperialismo en lo económico, lo político y cultural.


Los dilemas de la integración regional en el contexto de la globalización

Impulsados con ímpetu en la década de los 90 en especial a partir del nacimiento del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) y del lanzamiento del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), los procesos de integración regional han vuelto a cobrar protagonismo en la escena hemisférica. Ellos se presentan sin embargo teniendo como telón de fondo a ese conjunto de fenómenos que se conoce como globalización en un sentido más amplio, o mundialización de la economía y el comercio en un sentido más restringido.

Globalización: telón de fondo de la integración regional

El carácter multifacético y contradictorio de la globalización ya ha sido advertido por diversos autores. Entre los elementos que suelen caracterizarla, interesa destacar aquí aquello que más directamente se vincula con la dimensión social de los procesos de integración regional o subregional.

En primer lugar, la concepción misma de desarrollo que suelen sostener los apologistas de la globalización postula que la historia tiene un desenvolvimiento lineal, ascendente y progresivo, quedando en manos del mercado y la democracia la misión de asegurar un futuro de promisión para todos.
La globalización así entendida como una visión economicista de los procesos sociales que ignora la importancia de la política, hoy se asienta sobre una base mucho menos firme que hace una década cuando ese planteo se proyectaba como una explicación única y universal. Como sostiene Ralf Dahrendorf “Una década después de la revolución de 1989, nadie hablaría del fin de la historia, y pocos afirmarían que ahora nadie cuestiona la democracia y la economía de mercado”
En segundo lugar, la globalización llega acompañada de un debilitamiento del Estado-nación, con consecuencias tangibles en lo que al cambio de paradigma de las políticas públicas se refiere, en particular a las políticas sociales, las que han dejado de tener un carácter universal para transformarse en residuales.
Paralelamente y en tercer lugar, con la globalización llega también un proceso de marcada exclusión social y económica entre los países y al interior de los mismos, aunque esta marginación de parte importante de los habitantes es concebida como inevitable pero transitoria.  En el caso de América Latina y el Caribe, como es sabido, los niveles de desigualdad son marcados y la globalización o los fenómenos asociados con ella no han hecho sino empeorar dicha situación con el resultado de un incremento en la polarización social, la desaparición de sectores medios y un aumento sustantivo en los niveles de pobreza en la mayor parte de los países. 
En cuarto lugar, se sostiene que gracias a la globalización logran las economías nacionales articularse a una economía mundializada, pero como señala Rubens Ricúpero, Secretario General de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) a propósito de esas explicaciones, “casi todos nuestros países... han estado integrados desde el comienzo del capitalismo mercantil, en el siglo XVI. Eran naciones que exportaban prácticamente la totalidad de su azúcar, de su café, de su plata, de sus productos minerales y de esa manera estaban perfectamente integrados en el sistema comercial del mundo, no estaban marginados, pero estaban integrados gracias a un sistema que en muchos casos se basaba en el latifundio, la esclavitud, la concentración enorme de la riqueza y del ingreso”.
En quinto lugar, cabe señalar que con la globalización se ha impuesto una suerte de pensamiento único que tiene entre sus componentes principales el extender sobre la realidad de los países un manto de aparente uniformidad, haciendo de los mismos un conjunto de economías sin historia ni perfil social. Lo más relevante de los países pasa a ser su mejor o peor desempeño macroeconómico frente a recetas de validez universal aunque algunas advertencias sobre los riesgos de un enfoque de esas características se han dejado escuchar recientemente.
Una larga década de globalización explícita deja en la mayoría de países del mundo, junto con un legado de fenómenos tecnológicos sorprendentes y una concentración de la riqueza sin precedentes, la convicción de que crecimiento económico, empleo y progreso social no son necesariamente sinónimos. Son reiterados los casos en que el crecimiento de la economía ha llegado de la mano de un incremento sustantivo en las cifras de pobreza y desempleo, situación que atañe no sólo a América Latina y el Caribe, donde la mitad de la población se ubica por debajo del umbral de pobreza, sino que es un fenómeno global. Como ha señalado recientemente James Wolfensohn, presidente del Banco Mundial, “En los países en desarrollo, con excepción de China, las personas que viven en la pobreza son ahora 100 millones más que hace un decenio
Nada dice que un Estado o conjunto de Estados si se trata de un proceso de integración regional, no pueda intervenir mediante sus políticas públicas en virtud de objetivos y valores sociales que considere válidos. De hecho, mientras que en algunos países como Rusia la liberalización a ultranza ha producido un desierto institucional y un océano de pobres, en la Europa comunitaria la globalización convive con criterios de cohesión social y económica que han sabido mantenerse a lo largo de décadas para provecho y ventaja de sus propios habitantes.
Finalmente, desde un punto de vista conceptual, la globalización pone sobre la mesa un desafío de envergadura. Como se ha venido señalando en forma creciente, las ciencias sociales tuvieron su desarrollo en el marco de los Estados-nación y por lo tanto anclaron sus significados en lo territorial y el territorio. En este momento, con fenómenos que superan esos márgenes se hace necesario contar con conceptos desterritorializados que den razón en forma más adecuada de la realidad de esta época.

 La integración regional en las Américas

Las diferencias entre los años sesenta cuando aparecieron la ALALC, el MCCA y más tarde el Grupo Andinoy CARICOM y la situación actual son considerables tanto en términos de las características de los propios procesos de integración y las aspiraciones que tenían y tienen como del contexto regional y mundial.
El Estado, por ejemplo, ha disminuido su peso e importancia en el manejo de la economía abandonando instrumentos tales como la planificación. Al mismo tiempo, el proteccionismo de entonces ha cedido paso a la apertura de las economías nacionales al mercado internacional disminuyendo sensiblemente y en algunos casos prácticamente desapareciendo las barreras arancelarias. 
De otro lado, mientras que en los años sesenta existía un debate intenso sobre los modelos de desarrollo a seguir y en los cuales enmarcar los esquemas de integración, en la actualidad dicha discusión es inexistente, dándose por descontado en muchos sectores que sólo existe un modelo posible.  
Paralelamente, un enfoque universalista de las políticas sociales ha sido reemplazado por una concepción segmentaria y residual, habiendo tenido lugar la aparición de una noción de políticas sociales para pobres que no aspiran a incorporar al mercado y al consumo a dichos sectores de la población sino que de hecho perennizan su marginalidad. 
Desde el punto de vista de la participación de la sociedad civil –tema actualmente presente tanto en la Comunidad Andina (CAN) y el MERCOSUR como en el ALCA-, si bien fueron creados algunos mecanismos con ese objetivo en los años sesenta, no estaba en uso en ese entonces el concepto mismo de sociedad civil ni existía la presión que ahora es permanente para responder a tal necesidad.    
Mientras que en los años sesenta era más claro para los países el poder apostar en términos políticos a un solo empeño integracionista, en la actualidad están prácticamente obligados a dividir su atención e interés entre varios emprendimientos simultáneos y yuxtapuestos de diverso carácter: subregional como puede ser el caso del MERCOSUR, la Comunidad Andina o el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA); regional -el naciente espacio sudamericano promovido por Brasil, versión renovada del Área de Libre Comercio de Sudamérica, ALCSA, enunciada en 1994; hemisférico el ALCA; y mundial expresado en la OMC.   
En ese contexto de planos simultáneos –nacional, subregional, regional, hemisférico y global-, los esquemas de integración se encuentran frente a fenómenos sociales, económicos y políticos que se originan tanto en la globalización como dentro de los países y en los propios y diversos espacios integrados, dificultando a los gobiernos la posibilidad de proyectar una imagen coherente y sostenida en el tiempo de los objetivos que persiguen en el terreno de la integración, derivando de ellos un determinado acercamiento a su dimensión social.  
En un contexto así son evidentes las dificultades que surgen para diseñar instrumentos sociales en un proceso subregional determinado cuando al mismo tiempo las mayores expectativas de los gobiernos pueden estar puestas en el proceso hemisférico o en un mejor posicionamiento en el mercado mundial. Una disyuntiva legítima pero que gravita en forma importante sobre la integración y sus posibilidades de lograr mejores niveles de desarrollo social. 

Acuerdos de integración por regiones geográficas

Asia: la ASEAN

Países exclusivamente asiáticos han conformado la ASEAN, que tiene su sede en la ciudad de Bangkoki. Fue establecida el 8 de agosto de 1967 con las firmas de Filipinas, Indonesia, Malasia, Singapur y Tailandia. El fin de la ASEAN es actuar como un organismo de seguridad colectiva exclusivamente asiático; asimismo, tiene como objetivo fomentar la estabilidad y el crecimiento económico de la región.

América Latina

El Mercosur

Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay firmaron en 1991 el Tratado del Mercado Común del Sur (Mercosur) ,17 por el que debía establecerse a partir de enero de 1995 un mercado común entre los cuatro países, con libre circulación de mercancías, servicios, capitales y mano de obra. El acuerdo contiene anexos relativos al programa de liberalización del comercio, normas de origen, solución de diferencias, salvaguardias y establecimiento de grupos de trabajo técnicos y normativos. Los países miembros también persiguen la finalidad de coordinar la política macroeconómica y armonizar la legislación para reforzar el proceso de integración

El Pacto Andino

En 1966, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú (con la posterior incorporación de Venezuela y retirada de Chile) establecieron el Pacto Andino para acelerar el riesgo de la integración económica de sus miembros


El Mercado Común Centroamericano

Independientemente de la ALALC, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua establecieron en 1960 el Mercado Común Centroamericano (MCCA) con el fin de instaurar una zona de libre comercio en un plazo de cinco años y aplicar un arancel exterior común. Este tratado también estableció un Banco Centroamericano de Integración Económica para financiar la industria y la infraestructura.

La Zona de Libre Comercio del Caribe

El Acuerdo por el que se establece la Zona de Libre Comercio del Caribe (CARIFTA) data de 1968. Sus miembros tenían por objetivo aumentar las posibilidades de empleo en la región, siempre que fuese posible, integrando sus economías, principalmente insulares y agropecuarias. Los miembros constituyeron una zona de libre comercio en la que se daba trato especial a las importaciones agropecuarias.

En 1973 los miembros establecieron la Comunidad y Mercado Común del Caribe (CARICOM).


África y Oriente Medio
Estas dos regiones se tratan conjuntamente debido a los muchos acuerdos que abarcan a África y Oriente Medio.

La Liga Árabe

En 1945 se creó la Liga Árabe. Uno de sus objetivos fue fomentar una cooperación más estrecha en cuestiones comerciales y económicas entre los 21 países árabes miembros. Con esa finalidad se concertó el Acuerdo de 1957 de Unidad Económica entre los Estados de la Liga Árabe. En ese Acuerdo se preveía la creación de un mercado común árabe mediante el establecimiento de una zona de libre comercio en el transcurso de un período de diez años y la cooperación en el desarrollo de industrias regionales y servicios de infraestructura.

EL AREA DE LIBRE COMERCIO DE LAS AMERICAS (ALCA)

En el ALCA se propone un conjunto de normas multilaterales que, aparentemente, ordenaran el comercio internacional de servicios. Pero lo que realmente se pretende es la liberalización, desregulación y privatización progresiva de los servicios esenciales para la sociedad y que suponen una obligación de los estados y gobiernos con sus ciudadanos.
Este proceso de liberalización abarcaría toda la amplia gama de servicios que podamos imaginar en materia de salud, educación, seguridad social, agua potable, transporte, correo, servicios municipales, medio ambiente, cultura, recursos naturales, etc. De esta forma se restringiría de una vez y para siempre la intervención del Estado a través de medidas gubernamentales que regulen el comercio de servicios: desde los limites a la legislación laboral y la protección del consumidor, incluyendo regulaciones, directrices, subvenciones, calificaciones y pautas para otorgar permisos; hasta los límites gubernamentales sobre el acceso a los mercados, las necesidades económicas o medidas sobre el contenido cultural.
Una vez mas se manifiesta aquí la tesis del libre mercado las cuales postulan que una mayor apertura de los mercados potenciaría las posibilidades de los países en desarrollo para mejorar la cantidad y calidad de los servicios que demandan sus ciudadanos.
La historia reciente de Venezuela y América Latina es la de una violenta ola de privatizaciones de servicios tales como el transporte aeronáutico, las telecomunicaciones o la electricidad. Las consecuencias de esta entrega de servicios al mercado están a la vista de todos: prácticas monopólicas u oligopólicas y la consiguiente alza en los precios y disminución de su calidad; destrucción de millares de empleos; y, desmantelamiento y dilapidación de los recursos públicos en procesos de privatizaciones amañados.
En el ALCA se pretende extremar estos procesos de liberalización y privatización al incluir también los servicios esenciales que suponen una obligación del Estado con sus ciudadanos. Estos servicios pasarían a ser suministrados por empresas privadas y transformarían a todos los ciudadanos en simples consumidores que, al no disponer de los recursos para pagar por estos servicios, quedarían excluidos de su consumo y disfrute.
Los principales beneficiarios de liberalizar los servicios en el ALCA serían las grandes multinacionales que convertirían los servicios públicos de todo el mundo en mercados privados. Y los perjudicados serían los de siempre: los sectores más empobrecidos y de máxima exclusión social. Las grandes empresas de fines lucrativos accederían a los recursos públicos y lograrían desmantelar las regulaciones existentes. Para los países en vías de desarrollo esto se traduciría en el desmantelamiento total y absoluto de los servicios públicos.
La severa crítica a la mala calidad de los servicios públicos ha conseguido eco enana parte importante de la sociedad. Engañada, esta acepta que los servicios en manos del Estado mejorarían si se entregaran al mercado. Nadie niega la necesidad de mejorar la eficacia de los servicios públicos, pero la panacea no es su liberalización y privatización. La solución esta en derrotar a los evasores de impuestos que se apropian de los recursos financieros necesarios para mejorar su calidad y, por su puesto, mejorar su gestión para asegurar el acceso masivo en condiciones de igualdad. Lo que resulta inadmisible es que se manipule su situación de deterioro para justificar procesos de privatización que le facilita a las trasnacionales la apropiación de servicios públicos esenciales.
Estas nefastas consecuencias se esconden en una práctica según la cual la liberalización de los servicios desencadenaría una mayor competitividad que contribuiría a mejorar la eficacia en la prestación de los servicios; un mayor grado de desarrollo de los mismos y finalmente un ahorro a favor de los consumidores. Pero después de más de una década de apertura, liberalización y privatizaciones, esta claro que el objetivo es la generación de más beneficios para las grandes corporaciones trasnacionales que se han ido apropiando de estos servicios en una escala global a costa de excluir de servicios públicos a millares de personas en todo el mundo que no puede pagar lo que se exige para tener accesos a los mismos.
El Gobierno Bolivariano de Venezuela se opone a estos procesos de liberalización, desregulación y privatización que limiten la capacidad del estado y del gobierno para diseñar y ejecutar políticas en defensa del derecho de nuestros pueblos a tener acceso a servicios esenciales de buena calidad y buenos precios.
Con el argumento de que los subsidios distorsionan los precios del mercado y que deben ser los mecanismos del mercado –es decir las leyes de la oferta y la demanda- los que fijen el nivel de los precios, la propuesta del ALCA plantea la liberalización y privatización de los servicios públicos.
Cualquiera de los tres casos supondría la eliminación de millones de personas del disfrute de servicios públicos esenciales para la sobre vivencia humana.
Para el Gobierno Bolivariano de Venezuela, los servicios públicos son para satisfacer las necesidades de las personas, no para el comercio y el beneficio económico. Por lo tanto, su prestación no puede estar gobernada por criterios de rentabilidad sino de interés social.
De hecho, representan uno de los derechos sociales más significativos alcanzado por los pueblos a lo largo de la historia y son indispensables para corregir las desigualdades sociales. En consecuencia, la provisión de los servicios públicos debe regirse por las necesidades sociales del individuo y no por su capacidad de pago.
La liberalización de los servicios en el ALCA traería consecuencias catastróficas si se exige la aplicación del “Trato Nacional”. Esto quiere decir que se deben dar a las trasnacionales las mismas preferencias que se otorgan a las pequeñas empresas y cooperativas nacionales. No se podrá dictar ninguna medida que de preferencias a la producción local o que discriminen a empresas extranjeras. Otro aspecto al que se le debe prestar mucha atención es al de “Acceso a mercados” ya que aquí se obliga a los países a no poner ningún tipo de barrera al ingreso al mercado nacional de cualquier proveedor de servicios del extranjero en los sectores que ha liberalizado. Así pues, los gobiernos no podrán instrumentar medidas que condicionen el comercio de servicios. Las transnacionales quieren llevarnos a jugar en su propia cancha para que, en lugar de reclamar soberanía y justicia en la prestación de los servicios esenciales para la población, no sumemos a facilitar “acceso a mercados” como si fuera el clamor de nuestra gente.
La Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América o ALBA
Es una propuesta de integración enfocada para los países de América Latina y el Caribe que pone énfasis en la lucha contra la pobreza y la exclusión social con base en doctrinas de izquierda. Se concreta en un proyecto de colaboración y complementación política, social y económica entre países de América Latina y el Caribe, promovida inicialmente por Cuba y Venezuela como contrapartida del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), impulsada por Estados Unidos.
Los países miembros de este mecanismo de integración son 7, además de Ecuador que sin ser miembro pleno participa en la mayoría de los proyectos de la organización:
La Alternativa Bolivariana para América Latina y El Caribe (ALBA) es una propuesta de integración diferente. Mientras el ALCA responde a los intereses del capital trasnacional y persigue la liberalización absoluta del comercio de bienes y servicios e inversiones, el ALBA pone el énfasis en la lucha contra la pobreza y la exclusión social y, por lo tanto, expresa los intereses de los pueblos latinoamericanos.
El ALBA se fundamenta en la creación de mecanismos para crear ventajas cooperativas entre las naciones que permitan compensar las asimetrías existentes entre los países del hemisferio. Se basa en la cooperación de fondos compensatorios para corregir las disparidades que colocan en desventaja a los países débiles frente a las primeras potencias. Por esta razón la propuesta del ALBA le otorga prioridad a la integración latinoamericana y a la negociación en bloques sub-regionales, abriendo nuevo espacios de consulta para profundizar el conocimiento de nuestras posiciones e identificar espacios de interés común que permitan constituir alianzas estratégicas y presentar posiciones comunes en el proceso de negociación. El desafío es impedir la dispersión en las negociaciones, evitando que las naciones hermanas se desgajen y sean absorbidas por la vorágine con que viene presionándose en función de un rápido acuerdo por el ALCA.
El ALBA es una propuesta para construir consensos para repensar los acuerdos de integración en función de alcanzar un desarrollo endógeno nacional y regional que erradique la pobreza, corrija las desigualdades sociales y asegure una creciente calidad de vida para los pueblos. La propuesta del ALBA se suma al despertar de la conciencia que se expresa en la emergencia de un nuevo liderazgo político, económico, social y militar en América Latina y El Caribe. Hoy más que nunca, hay que relanzar la unidad latinoamericana y caribeña. El ALBA, como propuesta bolivariana y venezolana, se suma a la lucha de los movimientos, de las organizaciones y campañas nacionales que se multiplican y articulan a lo largo y ancho de todo el continente contra el ALCA. Es, en definitiva, una manifestación de la decisión histórica de las fuerzas progresistas de Venezuela para demostrar que Otra América es Posible.

 











CONCLUSION
La más reciente reestructuración emprendida por el capitalismo a escala mundial, la globalización misma, ha sido dominada y dirigida por la ideología neoliberal, convertida en especie de sentido común de nuestro tiempo que no deja espacios para ninguna otra forma de pensamiento.
No obstante y aunque mucho se habla de los avances del neoliberalismo, su penetración e importancia se distribuye de manera desigual en el mundo y si bien puede observarse que buena parte de los dirigentes políticos y líderes empresariales en muchas partes del mundo han asumido plenamente la ideología neoliberal, la implantación de la economía de mercado no ha sido tan rápida y expedita como muchos pretenden o quisieran. En realidad, el desarrollo de la economía de mercado ha sido, en buena parte del mundo, menos intenso y veloz que el de los principios ideológicos y culturales en los cuales se sustenta.
Las vicisitudes históricas de la imposición del neoliberalismo como ideología hegemónica en la mayor parte del planeta es posible extraer algunas experiencias. Sin duda alguna, las fuerzas y movimientos sociales que aspiran al cambio y que se expresan en contra de la globalización neoliberal, existen y crecen a contracorriente del consenso político de la era neoliberal. Sin embargo, desde el poder se trata a los portadores de las propuestas alternativas como excéntricos, o románticos incurables y fuera de lugar en la sociedad actual.
Pero asumir el cambio como opción, significa empezar dejar de aceptar a la sociedad capitalista y sus instituciones como inmutables y eternas. Es más, la historia demuestra que lo que parecía una locura en los años cincuenta, por ejemplo la creación de millones de desocupados, la reconcentración del ingreso, el desmantelamiento de los programas sociales, la privatización del petróleo, el agua y la electricidad, la educación, la salud y hasta las cárceles, sólo pudo ser posible, incluso con un bajísimo costo político para los gobiernos que las aplicaron, una vez que el neoliberalismo alcanzó su “victoria ideológica” sobre la sociedad y las otras opciones políticas, tanto capitalistas como anticapitalistas.
En consecuencia, debe tenerse la seguridad de que es posible un proyecto no capitalista pensado de cara al siglo XXI, que reivindique la posibilidad de establecer un sistema economía y social, capaz de unir armónicamente la igualdad social con la democracia. Alguna vez, Max Weber escribió que “en este mundo no se consigue nunca lo posible si no se intenta lo imposible una y otra vez”, y exhortaba al mismo tiempo a soportar con audacia y lucidez la destrucción de todas las esperanzas porque, de lo contrario, seríamos incapaces de realizar incluso lo que hoy es posible.
Esas palabras sugieren una actitud fundamental, que no deberán abandonar quienes ya no se resignan ante un orden social intrínsecamente injusto como el capitalismo, y que pese al hostigamiento intelectual, la exclusión, la incomprensión, cuando no la persecución, siguen creyendo que una sociedad diferente es posible.      
El análisis de los sistemas-mundo sostiene que los estados modernos nunca han sido sociedades. Los estados son las unidades políticas de la sociedad moderna internacional y económica. Según Wallerstein han existido tres clases de sistemas sociales a lo largo de la historia de la humanidad: (1) los mini-sistemas -lo que los antropólogos llaman bandas y tribus (donde se produce una división del trabajo a pequeña escala dentro de la que hay una sola cultura y un único proceso político) y dos tipos de sistemas-mundo (donde se produce una división del trabajo a mayor escala y pueden encontrarse diversas culturas): (2) los imperios-mundo (bajo una estructura política) y (3) la economía-mundo (que tiene múltiples estructuras políticas).
La sociedad moderna, el "moderno sistema-mundo", es del último tipo, una economía-mundo de carácter político múltiple, y es el primero y único que se constituye plenamente como economía mundial capitalista, emergiendo en los años 1450 a 1550 y consiguiendo su ampliación y extensión por todo el planeta hacia 1900








Referencias Bibliográficas
*      espanol.answers.yahoo.com/
*      www.uruguaypiensa.org.
*  es.wikipedia.org/wiki/Sistema-mundo
*  www.economia.unam

1 comentario:

  1. gracias camarada solo que realizar la interpretacion y analisis del tema para la exposicion.

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