Yo no estoy dispuesto a entregar mis armas en caso de que todos lo hagan. Yo me haré morir con los pocos que me acompañan porque es preferible hacernos morir como rebeldes y no vivir como esclavos. (Augusto César Sandino).

jueves, 13 de octubre de 2011

Invasiones de Terratenientes



Invasiones de Terratenientes


INTRODUCCIÓN
"En el estudio de los orígenes de la propiedad agraria en las colonias hispanoamericanas, el aspecto más significativo no lo constituía la superficie de la tierra que legalmente podía adquirir los conquistadores, sino las extensiones ocupadas de hecho e incorporadas por esta vía al dominio privado, fenómeno que se manifestó desde la segunda mitad del siglo XVI... Se observa, en efecto, que hasta 1591 las mercedes tuvieron carácter gratuito, no oneroso, pero desde aquella fecha comenzaron a venderse, surgieron las adjudicaciones en pública subasta al remate del mejor postor y las composiciones como instrumentos para legalizar la situación de las tierras usurpadas, se ordenó, igualmente la restitución de aquellas, cuyos poseedores no justificaran el dominio con justos títulos".


ANÁLISIS
Artículo 102
La educación es un derecho humano y un deber social fundamental, es democrática, gratuita y obligatoria. El Estado la asumirá como función indeclinable y de máximo interés en todos sus niveles y modalidades, y como instrumento del conocimiento científico, humanístico y tecnológico al servicio de la sociedad. La educación es un servicio público y está fundamentada en el respeto a todas las corrientes del pensamiento, con la finalidad de desarrollar el potencial creativo de cada ser humano y el pleno ejercicio de su personalidad en una sociedad democrática basada en la valoración ética del trabajo y en la participación activa, consciente y solidaria en los procesos de transformación social consustanciados con los valores de la identidad nacional, y con una visión latinoamericana y universal. El Estado, con la participación de las familias y la sociedad, promoverá el proceso de educación ciudadana de acuerdo con los principios contenidos de esta Constitución y en la ley.
            La educación es un derecho humano y deber social fundamental, es decir es un deber es todos los venezolanos y venezolanas estudiar y prepararse para jugar un papel de vital importancia en la sociedad y por lo tanto en el país.
            El estado lo asume dándole la mayor importancia en todos sus niveles y modalidades como herramienta del conocimiento científico, humanístico y tecnológico en pro del desarrollo social.
            Como servicio público del estado, está fundamentado en el respeto a todas las corrientes del pensamiento con la finalidad de desarrollar el potencial creativo de cada ser humano. La educación en Venezuela se fundamenta en el respeto del pensamiento de cada persona ya que estamos en una sociedad democrática y su fin es desarrollar el potencial que cada uno tiene en el proceso de transformación del nuevo hombre, todo esto aunado a los valores de identidad nacional y convicción latinoamericana y universal.
            El estado, la familia y la sociedad son los encargados de promover el proceso de educación ciudadana de acuerdo a los principios de la constitución. Siendo la familia la que juegue un rol protagónico en la formación del individuo y el estado es el encargado de aportar los recursos para lograr el fin deseado.
Artículo 103
Toda persona tiene derecho a una educación integral, de calidad, permanente, en igualdad de condiciones y oportunidades, sin más limitaciones que las derivadas de sus aptitudes, vocación y aspiraciones. La educación es obligatoria en todos sus niveles, desde el maternal hasta el nivel medio diversificado. La impartida en las instituciones del Estado es gratuita hasta el pregrado universitario. A tal fin, el Estado realizará una inversión prioritaria, de conformidad con las recomendaciones de la Organización de las Naciones Unidas. El Estado creará y sostendrá instituciones y servicios suficientemente dotados para asegurar el acceso, permanencia y culminación en el sistema educativo. La ley garantizará igual atención a las personas con necesidades especiales o con discapacidad y a quienes se encuentren privados o privadas de su libertad o carezcan de condiciones básicas para su incorporación y permanencia en el sistema educativo.
Las contribuciones de los particulares a proyectos y programas educativos públicos a nivel medio y universitario serán reconocidas como desgravámenes al impuesto sobre la renta según la ley respectiva.
            Toda persona tiene derecho a una educación integral de calidad permanente, dándoles la oportunidad a todos y las únicas limitaciones serán las aptitudes, vocación y aspiraciones de cada persona, es decir que en este estado democrático se respetan los intereses y deseos de superación de cada uno al igual que la aptitud que se posea. La educación es gratuita desde maternal hasta pregrado universitario.
La inversión del estado es prioritaria de acuerdo con la ONU. Siendo su prioridad y obligación mantener las instituciones y sus servicios dotados para asegurar la educación de calidad que se establece en esta Constitución.
            Así mismo, esta ley establece y brinda atención educativa a las personas con necesidades especiales creando instituciones donde éstas puedan asistir, las cuales deben estar dotadas de todos los materiales y herramientas necesarias para una educación integral y de calidad para el individuo.
            El estado encaminará todo lo necesario para que las personas que se encuentran privadas de libertad puedan acceder a la educación ya que como deber fundamental social ésta es parte de la formación de dicha persona para su reinserción en la sociedad.
            Toda contribución que puedan dar los entes particulares a los programas y proyectos educativos en el nivel medio y universitario les serán reconocidos como desgravámenes al impuesto, queriendo con esto reconocer el apoyo prestado al estado en pro del proceso educativo.
QUÉ ES UN HECHO SOCIAL
Un hecho social es toda manera de hacer, fijada o no, susceptible de ejercer una coacción exterior sobre el individuo; o bien, que es general en la extensión de una sociedad dada; conservando una existencia propia, independiente de sus manifestaciones individuales.
            Hechos sociales: orden de hechos que presentan características muy especiales. Consisten en maneras de actuar, de pensar y de sentir, exteriores al individuo y dotadas de un poder coercitivo en virtud del cual se le imponen.
            Lo que los constituye son las creencias, las tendencias, las prácticas del grupo tomado colectivamente.
            Un hecho social es distinto de sus repercusiones individuales.
            Los hechos sociales constituyen el dominio de la sociología. Solo comprende un grupo determinado de fenómenos. Un hecho social se reconoce por el poder de coerción externa que ejerce o es susceptible de ejercer sobre los individuos, y la presencia de ese poder se reconoce en la existencia de alguna sanción o en la resistencia que ese hecho opone a toda empresa que tienda a violarlo.
Emile Durkheim: capitulo 1 “¿qué es un hecho social?”.
Durkheim concibió la existencia de fenómenos específicamente sociales («hechos sociales»), que constituyen unidades de estudio que no pueden ser abordadas con técnicas que no sean las específicamente sociales. Asimismo redefinió a la sociología como la ciencia que tiene como objeto el estudio de estos hechos sociales. Durkheim definió los hechos sociales en Las reglas del método sociológico como: «...modos de actuar, pensar y sentir externos al individuo, y que poseen un poder de coerción en virtud del cual se imponen a él...» (E. Durkheim. les regles de la methode sociologique 'Paris: Presses Universitarires de France, 1956, p. 5).
Dichos hechos existen con anterioridad al nacimiento de un individuo en determinada sociedad; por lo tanto, son exteriores a él. Son colectivos porque son parte de la cultura de la sociedad, y son coercitivos porque los individuos se educan conforme a las normas y reglas de ella sólo por el hecho de nacer en aquélla. Durkheim afirmó: «si existían antes es que existen fuera de nosotros» y menciona la lengua natal, la escritura y el sistema monetario como ejemplos.
Durkheim también dijo que la sociedad era algo que estaba fuera y dentro del hombre al mismo tiempo gracias a que este adoptaba e interiorizaba los valores y la moral de la sociedad, de esto también deriva que unos se vean obligados a ciertos parámetros y límites de los que ellos no están de acuerdo y se rebelan ante ella.

Invasiones de Terratenientes
Terratenientes
El término terrateniente se refiere al dueño o poseedor de una tierra o hacienda. Su uso corriente corresponde a la designación de los grandes poseedores de tierra.
Eran dueños  de grandes extensiones de tierra que habían mantenido el poder económico y político durante la primera parte del siglo. Básicamente, explotaban parte de sus tierras con mano de obra asalariada (indios y mestizos), y en algunos casos con mano de obra esclava. Los terratenientes no estaban interesados en un cambio en las leyes relacionadas con la propiedad agraria, ni en que se aboliera la esclavitud.
En el proceso de formación del país la sociedad ha estado dividida en clases sociales, desde la conquista hasta nuestros días, unas dominantes y otras dominadas. Así en el periodo agropecuario surgió una sociedad de clases entre las cuales se pueden mencionar: Los terratenientes o latifundistas, burguesía mercantil, artesanos, campesinos y esclavos.
Los terratenientes o latifundistas se ubicaban en el medio rural. La clase estaba constituida por los propietarios de las tierras, procedían en su mayor parte de la antigua Oligarquía Colonial (blancos criollos).
            Este grupo salió muy favorecido en la república de 1830, porque tenían más poder político que en la colonia cuando sólo disfrutaban de poder municipal, tierras y haciendas, y estaban sometidos a las restricciones del gobierno español. Ahora mantenían la propiedad territorial y además el poder político concedido por la constitución, el mando de la república reposaba en manos de los terratenientes. A este grupo luego se le unieron los militares y los caudillos que participaron en el proceso de la independencia. Esta unión da origen a una clase social alta denominada oligarquía.

Origen de la Invasión de Terratenientes
Durante la Edad Antigua, el esquema de producción se sostuvo en la esclavitud. Con la caída del Imperio Romano se inicia la Edad Media, cuyo esquema de producción se sostuvo en la servidumbre. En efecto, los siervos fueron durante más de mil años el soporte del modelo feudal, basado en la propiedad de la tierra. Por merced del Señor Feudal (Duque, Conde o Marqués), los campesinos usufructuaban una parcela en su feudo a cambio de una renta-trabajo o una renta-producto; en otras palabras, el siervo-campesino, o bien tenía que trabajar en las plantaciones del señor durante las épocas de limpia, siembra y cosecha, o bien tenía que entregarle parte de sus propias cosechas, además de servir en el ejército del feudo cuando él lo dispusiera. En otras palabras, el propietario de la tierra la trabajaba mediante la explotación del hombre, no del suelo.
En Iberoamérica, luego de la Conquista propiamente dicha, vale decir la invasión e inmediata destrucción de la cultura existente en el nuevo territorio, comenzaba la Colonización, mediante la distribución de tierras a los beneméritos, con todo lo que sobre ellas se encontrara, incluyendo a los indígenas. En Venezuela, la colonización se inició con la institución de la Encomienda (1545), la cual constituye la forma de pago de la Corona a los conquistadores.
Las tierras fueron declaradas propiedad de los reyes. Con el  tiempo, una parte de ellas pasaron a manos de los particulares, unas veces  por donación y otras por venta. Las que estaban en poder de la Corona, se  denominaron Tierras realengas (Reales); y las que pasaron a manos  particulares constituyeron la Propiedad Territorial, la cual tuvo su origen en  los Repartimientos, Mercedes, Ventas y Composiciones de Tierras. 
            Con el tiempo, éstas se convirtieron en grandes posesiones en las cuales se adoptaron las condiciones de explotación del feudalismo europeo (la servidumbre): los indígenas tenían que aportar su fuerza de trabajo en favor del encomendero, al principio en forma total, rayando su condición en la esclavitud; luego parcialmente, concediéndoseles unos días para trabajar su parcela o las tierras comunales indígenas.
De La Plaza; 17 en su Obra “El Problema de la Tierra”, habla como en la práctica los encomenderos fueron extendiendo las áreas geográficas donde tenían su asiento, utilizando los indígenas encomendados, e incentivando el desarrollo de la gran propiedad territorial agraria que luego se convertiría en el latifundio colonial representado en la gran hacienda de plantación y en el hato ganadero. Alrededor de estas tierras, las antiguas moradas de los indígenas se constituyeron en apéndice de las grandes haciendas y hatos para después muchas veces ser absorbidas por la fundación de pueblos de blancos quedando el indio como esclavo de estos o tener que huir a otros lugares.
Estos hechos se vieron reforzados con la autorización que obtuvieron los Cabildos de dar tierras a aquellas personas españolas o blancos criollos que desearan integrarse a los pueblos o ciudades recién fundadas, que eran obtenidas muchas veces de las reservaciones indígenas facilitando a los recién llegados el tomar como suya las poblaciones de indios y convertirlas en mano de obra esclava.
La justificación legal de la gran propiedad de la tierra se definió bajo la figura jurídica de la Composición, Confirmaciones y Remates, que sirvió de herramienta para la legalización de las grandes “propiedades” resultado muchas veces del fraude, de los artificios y argucias legales, que permitieron monopolizar grandes porciones de tierra en una sola persona y a quien las nuevas disposiciones lo benefició legalizándole la tenencia y otorgándole el Titulo de propiedad. Por esta vía, la tenencia y la propiedad de la tierra se fue incrementando, constituyendo el soporte en esencia de la riqueza y el poder económico y político de la colonia.
Con todo esto podemos decir que  La encomienda y otras formas de “repartimiento” que la sucedieron, en particular después de 1718 (composiciones, confirmaciones y remates)dan el origen del latifundio actual, por cuanto ese modo de explotación de la tierra atraviesa toda la Colonia y se traslada intacto a la Primera República, a pesar de las promesas de Bolívar durante la gesta independentista, siendo su principal característica no tanto la extensión, sino la ociosidad de buena parte de las tierras y la forma de “trabajar” el resto, a través de terceros, incluyendo a los llamados medianeros, auténticos siervos que repartían sus cosechas a medias con el “propietario”.
Después de la Guerra Federal, las luchas de Ezequiel Zamora por los campesinos sin tierra también se frustraron, pudiéndose afirmar, en términos muy generales, que no es sino hasta la Reforma Agraria de 1961 cuando se hace un intento importante para quebrar el esquema del régimen de propiedad y tenencia de la tierra, intento que, resultó también en un lamentable fracaso.
El Latifundio se convirtió en una  herencia colonial
De acuerdo con Federico Brito Figueroa (“Historia Económica y Social de Venezuela” y “La Estructura Económica de la Venezuela Federal”) “La concentración de la propiedad (agraria) tiene sus antecedentes efectivos en el siglo XVII, acentuándose en el siglo XVIII  al amparo de las expediciones supuestamente de adoctrinamiento, que en la práctica fueron de ocupación y sometimiento del territorio y de sus pobladores indígenas, empresas éstas organizadas por los criollos quienes obtuvieron por este medio tierras y mano de obra”.
Finalizada la Guerra de Independencia, algunos latifundios cambian de manos, a través de las “expropiaciones por causa de guerra” y luego los llamados “haberes militares”, con los cuales se retribuyó a algunos de los más importantes caudillos (y no a las tropas constituidas por campesinos sin tierra). Por último, consolidada la República, la disolución de las comunidades indígenas puso a disposición de los terratenientes grandes extensiones de suelos de primera calidad y alto valor (valles de Caracas, del Tuy, Barlovento, Aragua, Barquisimeto y Cumaná). Se había terminado de conformar la estirpe de los grandes terratenientes del siglo XX.
Los medianeros existen aún hoy día. En los latifundios actuales, constituyendo una verdadera vergüenza nacional, como vergonzosa es la existencia de enormes latifundios cuyos propietarios viven en las capitales e incluso en el exterior, mientras en sus tierras crecen pueblos y caseríos, y se establece una variedad de formas precarias de ocupación del suelo agrícola (pisatarios, medianeros y aparceros, entre otros), dando lugar a relaciones de producción caracterizadas por la servidumbre y el peonaje.
En nuestra Venezuela del siglo XXI, muy pocos propietarios siguen acaparando gran parte de la tierra cultivable, especialmente la de mayor calidad, ubicada entre las estribaciones montañosas y la costa. No obstante, sólo una pequeña porción de esta tierra está dedicada a la producción; el resto permanece ociosa o inculta (como en los dominios feudales), aunque bien… “cercada, cuidadosamente vigilada porque el gran propietario prefiere que este bien, que debería ser colectivo, permanezca improductivo, mientras los campesinos padecen escasez y anhelan cultivar intensamente las extensiones que sus fuerzas alcancen a dominar”. Miguel Acosta Saignes en “Los orígenes Históricos del Problema Agrario”.
Los terratenientes utilizan las deforestaciones hechas por los colonos, compran sus bienhechurías y adquieren cada vez mayores extensiones para fines pecuarios, fundamentalmente, actividad que desarrollan con rasgos de empresa capitalista. Este proceso caracterizado por la concentración de la propiedad, obliga al grupo inicial a desplazarse hacia nuevas fronteras o hacia el trabajo asalariado.
            Los terratenientes se encuentran favorecidos por muchos otros factores, dentro de los que se encuentran las influencias y los padrinazgos políticos que poseen muchos de ellos y gracias a los cuales, las leyes no han sido aplicadas como se debiera. Además, existen diversas entidades financieras que han otorgado créditos de explotación y manejo de fincas en terrenos de propiedad de la reserva. Para ello, los terratenientes se han valido de abogados y registros que se encargan de hacer títulos de propiedad falsos; un ejemplo de ello es que se han detectado anomalías y violaciones a la normativa legal por parte de las Delegaciones Agrarias Táchira y Barinas que otorgan constancias de ocupaciones y títulos de propiedad dentro de la reserva.
Revolución Bolivariana vs. Latifundio
            En la transición hacia el Socialismo del siglo XXI, las medidas de reforma agraria implementadas por el Presidente Chávez no pueden asimilarse con acciones radicales para extirpar relaciones sociales de producción donde aún permanecen formas de apropiación de plusvalía por la explotación del trabajo asalariado, como lo quiere hacer ver la oligarquía terrateniente y el imperialismo en la campaña mediática orquestada a propósito de la estrategia agraria gubernamental.                                                                                                        
Por estas razones, el Gobierno Revolucionario, basado en la Constitución Bolivariana, promulga la Ley de Tierras y Desarrollo Agrario (LTDA), con un planteamiento muy superior al de la Ley de Reforma Agraria.
Esta Ley parte de la premisa según la cual El valor del ámbito agrario no se limita a los efectos económicos beneficiosos sobre la producción nacional…”, sino que se interesa por el “… desarrollo humano y social de la población” (rural). Afirma que “La tierra y la propiedad no son privilegio de unos pocos sino que están al servicio de toda la población”, razón por la cual “… regímenes contrarios a la solidaridad social, tales como el latifundio, son expresamente condenados…” (LTDA. Exposición de Motivos).
La vigorosa decisión del Presidente Hugo Chávez de profundizar la revolución bolivariana mediante el combate franco al latifundio para hacer efectiva la reforma agraria en favor de millones de campesinos, está siendo aprovechada por los adversarios del proceso de cambios para perfilar otro escenario de ataques y acciones contrarrevolucionarias. Tanto el imperialismo como la oligarquía aliada, agitan la bandera de la defensa de la propiedad privada para orquestar otra infame campaña de descrédito y desestabilización del Gobierno Nacional. Es en efecto lo que ya está ocurriendo. Eso era inevitable y el combativo discurso del Primer Mandatario el domingo 25 de septiembre de 2005, en el recuperado Hato La Marqueseña –con un 80% de su extensión improductiva-, en el municipio Alberto Arvelo Torrealba, refleja la intensidad de la pulsión social implicada en la guerra contra el latifundio improductivo.
Las palabras del Presidente Chávez han sido contundentes: “el latifundio debe desaparecer del país, ya que es un problema latente que afecta en proporciones notorias a la producción nacional”.
Con la Constitución en la mano citó el artículo 115 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela el cual señala que “toda persona tiene derecho al uso, goce, disfrute y disposición de sus bienes. La propiedad estará sometida a las contribuciones que establezca la ley con fines de utilidad pública o de interés general. Sólo por causa de utilidad pública o de interés social, mediante sentencia firme y pago oportuno y justa indemnización, podrá ser declarada la expropiación de cualquier clase de bienes”. Igualmente evocó el Artículo 82 de la Ley de Tierras que señala textualmente: “El Inti tiene derecho a rescatar las tierras de su propiedad o que estén bajo su disposición, que se encuentren ocupadas ilegal o ilícitamente. A esos fines iniciará de oficio o por denuncia el procedimiento o rescate correspondiente. El procedimiento previsto en el presente capítulo no se aplicará a las tierras que se encuentren en condiciones de óptima producción”.
Son las normas superiores que gozan de toda la legitimidad y sirven de soporte a la estrategia estatal que favorece el interés general de toda la nación, por encima de la mezquindad y el egoísmo de un grupúsculo social de terratenientes y parásito sociales.
            El cuadro de la concentración de la propiedad agraria en nuestra nación es aberrante y dramático. Antisocial y antihistórico. Es una verdadera vergüenza y una afrenta a la civilización moderna.
 Caracas, 26 de septiembre de 2005.                                                                                   
En la transición hacia el Socialismo del siglo XXI, las medidas de reforma agraria implementadas por el Presidente Chávez no pueden asimilarse con acciones radicales para extirpar relaciones sociales de producción donde aún permanecen formas de apropiación de plusvalía por la explotación del trabajo asalariado, como lo quiere hacer ver la oligarquía terrateniente y el imperialismo en la campaña mediática orquestada a propósito de la estrategia agraria gubernamental. Eso es una falacia y un acto demagógico que pretende generar la histeria entre las clases intermedias de la sociedad para inducir un comportamiento político conservador y reaccionario.
Aceptada la coexistencia con relaciones capitalistas de producción en el actual periodo de transición, lo cierto es que las acciones emprendidas en el campo agrario van a favorecer, en el corto y mediano plazo, las estructuras económicas entramadas con el capitalismo, gracias al incremento de la producción de alimentos y al abaratamiento de la canasta familiar por la mayor disponibilidad de productos con origen agrario. La reforma agraria va a mejorar sustancialmente la capacidad adquisitiva de los salarios y el incremento de la productividad en la propia empresa capitalista. Esa es la realidad. Por eso es tan aberrante la supervivencia del latifundio y los terratenientes, con toda la parafernalia política, ideológica y cultural que le acompaña.
De allí, el grito del Presidente Chávez: ¡Guerra al Latifundio! … y de allí la responsabilidad del Instituto Nacional de Tierras de encabezar esta nueva guerra que, si bien se librará con estricto apego a la Constitución y las leyes, respetando todos los procedimientos establecidos, no cejará en su empeño de democratizar la tenencia de la tierra hasta que la última familia campesina haya sido reivindicada, recibiendo justicia, paz y auténtico progreso espiritual y material.
En ese contexto, los venezolanos estamos en la obligación de contribuir, cada quien en la medida de sus posibilidades, en la eliminación definitiva de estos innegables restos de feudalismo que envilecen nuestra patria.





CONCLUSIÓN
La conquista de nuestra Independencia de España no solucionó el problema del latifundio en Venezuela, por el contrario, lo agravó. La mayor parte de los latifundios que habían pertenecido a la oligarquía colonial criolla pasaron a manos de la nueva oligarquía constituida por los caudillos militares republicanos. Durante el siglo XIX, los indio(a)s, negro(a)s, mulato(a)s y blanco(a)s pobres, continuaron desposeído(a)s de su derecho a poseer tierra, sujetos a la más despiadada servidumbre, siempre dispuestos a lanzarse a la rebelión para lograr una vida mejor, engañados por el discurso demagógico de los caudillos locales.
El saqueo de los ejidos y tierras nacionales por los nuevos latifundistas que había creado la República, particularmente en el Estado Barinas, aumento notablemente la pobreza de la población, situación que estimuló en 1859 el pronunciamiento justiciero de Ezequiel Zamora, el General de Hombres Libres, convirtiendo la Guerra Federal que se iniciaba entonces en una lucha por la democratización del derecho a la posesión de la tierra, por la libertad y la democracia social y contra el centralismo de la sociedad caraqueña.
Aumentó considerablemente el número de medianeros, colonos y pisatarios obligados a cultivar la tierra con sus propios medios de trabajo y a pagar tributo al señor latifundista en trabajo o en especie. La mayoría de los esclavos emancipados por el decreto del 23 de Marzo de 1854, durante la presidencia de José Gregorio Monagas, se convirtieron en peones o siervos de sus antiguos amos o en peones urbanos, relaciones de dependencia y servidumbre que se prolongaron hasta 1937, fecha en la cual comienza a predominar propiamente la cultura venezolana del petróleo 
El latifundismo llegó a su máxima expresión bajo la dictadura de Juan Vicente Gómez. La extensión de las tierras acaparadas por el dictador y su mafia de familiares, políticos, militares y empresarios durante 27 años de gobierno todavía no es totalmente conocida, ya que sus haciendas no fueron inventariadas en el catastro de tierras agrícolas de 1932. Sin embargo, para 1937 el censo nos muestra que de los 69.800 propietarios territoriales existentes para entonces en Venezuela, 3333 eran dueños del 90% de las tierras, de los cuales 412 poseían 7.666.804,85 hectáreas y 13 disponían de 2.057.431 hectáreas.
Mientras tanto, 2.500.000 campesinos solo eran dueños de su fuerza de trabajo y no poseían sino su miseria. Hasta 1998, cuando se inicia el Proceso Revolucionario Bolivariano, el coeficiente de concentración de las tierras agrarias era extremadamente alto ya que la llamada Reforma Agraria, iniciada bajo el gobierno de Rómulo Betancourt, tuvo muy baja incidencia sobre la exagerada extensión de propiedad latifundista.



REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

·         wikipedia.org/wiki/Hecho_social
·         sociologando.org.ve
·         biodiversidadla.org/content
·         mct.gob.ve

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